Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

El año que la prisa terminó, nuestro ritmo cambió y desaceleramos para auto – conocernos, de nuevo…

Si algo nos enseñó el 2020 fue a despedirnos de lo que no estaba anclado a nuestro corazón. La cantidad de cambios que atravesamos personal y colectivamente se terminó llevando todo lo que ya no resonaba más con nosotros.

Fue un año complejo, lleno de muchos retos, donde tuvimos que aprender a conectarnos con nosotros mismos, a enfrentarnos a aquello que era incómodo de ver, a sentirnos cerca de los otros en la distancia y adaptarnos para seguir viviendo, de hecho, para sobrevivir.

Al pensar en el año que acaba de terminar, recuerdo que en marzo se quedaron un montón de expectativas y planes que no se concretaron, todo cambió casi sin darnos cuenta, y tuvimos que aprender a vivir sin saber qué va a pasar el próximo mes, la próxima semana… mañana. A falta de poder controlar la situación aprendimos a fluir, dejándola ser, pasar, cambiar y transformar todo a su paso.

En medio de todo esto, distanciados y extrañamente acompañados porque todos estábamos pasando por lo mismo, aprendimos un montón de cosas nuevas: sobre tecnología y nuevas formas de comunicación, cedimos nuestro espacio privado al trabajo, cambió completamente la rutina que teníamos tan bien establecida en todos los diferentes aspectos de nuestra vida, salimos de zonas conocidas y de confort, y nos encontramos con una cantidad de nuevas experiencias y emociones que no sabíamos que podían ser así. Comenzamos a darnos cuenta de que hay cosas que no parecían viables y resultaron bastante prácticas, mientras que hay otras que dábamos por sentado y ahora valoramos (y extrañamos) profundamente.

Pasó tanto en tan poco tiempo, tan rápido se sintió, que estamos con una sensación de extrañeza pero también con alegría, con ganas de hacer a un lado el cansancio que tenemos sobre los hombros de todo lo que hemos tenido que asimilar, con la plena certeza de cuáles son las cosas relevantes en esta vida y con todas las intenciones de agradecer la fortuna que es llegar hasta acá, de seguir teniendo la oportunidad de conocernos a nosotros mismos, de compartir con los que amamos y disfrutar estar presentes y que estamos vivos.

Fuimos conscientes de lo importantes que son las experiencias por encima de los objetos y que las personas valiosas en nuestra vida son la red que nos sostiene. Tenemos todo el derecho a celebrarnos, a afirmar nuestra capacidad para adaptarnos, para seguir amando y agradeciendo en medio de circunstancias adversas.

Este inicio de año, momento en el que estamos replanteándonos, lo mejor es permitirnos ser, disfrutar, darnos tiempo de descanso, celebrar y abrazar con el alma a los nuestros, respirar más profundo sabiendo que lo que sea que se presente va a pasar, como todo en esta vida, pero manteniendo la confianza desde lo más profundo de nuestra intuición de que todo lo que ocurre tiene una razón de ser para todos y cada uno de nosotros.

¡Gracias 2020 por tantos aprendizajes y bienvenido 2021

con tus nuevos retos e ilusiones!

Te invito a que aprendas a ser testigo de tu diálogo interior.

Leave a comment

Sígueme en mis redes

Atrévete a dar el primer paso ¡puedo ayudarte!

Cart0